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El Kirchnerismo en su laberinto

By 22 octubre, 2010

Es extraño que se le exija al kirchnerismo que se enfrente con algún sector. Lo normal, lo que forma parte del sentido común o al menos de un cierto sentido común mediatizado, es la queja por la matriz confrontativa del oficialismo. La crispación es, para esa visión, un sistema de gobierno y no el resultado de decisiones de gobierno. Si queremos dejar de ser este país fracasado que padecemos desde que nos obstinamos en elegir populistas, debemos dejar de lado la confrontación y preferir las continuidades a las rupturas.

José Pedraza es una continuidad. Forma una de las tantas capas geológicas heredadas que el oficialismo no quiso o no pudo modificar y es de alguna manera una política de Estado (que a sobrevivido a todas las administraciones desde el ´83) incluyendo a los matones que mataron a Mariano Ferreyra.

No es un invento del kirchnerismo, pero su permanencia es fruto al menos de su debilidad. Contrariamente al sentido común que tan bien expresa la compañera Chiquita Legrand, creo que lo mejor que tiene este gobierno es su falta de apego a las formas. El temor a enviar malas señales, a pasar por energúmenos, criogenizó a más de un gobierno progre de buena voluntad. Es un temor que el kirchnerismo nunca padeció.

Por eso, como no sufro del síndrome Chikoff que transformó al partido radical en una inofensiva academia de buenos modales, quisiera más crispación, menos diálogo y ningún consenso. Me gustaría que Tomada pida la intervención de la Unión Ferroviaria, que resuelva a los tercerizados y que el gobierno saque toda la batería de trucos y fuegos de artificio que suele encontrar cuando siente que una causa es justa o simplemente que lo tienen arrinconado.

Hoy ocurren las dos cosas.

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