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Dispositivo

By 5 noviembre, 2010

El extraño pedido de Stolbizer de un gobierno de concertación tiene su fundamento académico en un perezoso artículo del historiador Luis Alberto Romero, el hijo del gran José Luis, publicado en Clarín a raíz de la muerte de Néstor Kirchner.

Hábilmente el texto menciona a Isabel pero aclara que no tiene nada que ver con Cristina. Hace referencia el golpe del ´55 pero indica que hoy no hay peligro de interrupción institucional. Como señalan otros historiadores que critican su artículo, ¨para Romero los conflictos no se deben a la existencia de distintos intereses y proyectos de país expresados por diferentes fuerzas políticas (e incluso al interior de esas mismas fuerzas), sino más bien a una pareja gobernante, mutilada ahora por la muerte, que con sus formas agrede al conjunto armónico de una república que sólo existe en la mente del colega columnista.¨

El historiador reduce el proceso político al ¨endemoniado juego faccioso que su difunto esposo impuso a la confrontación política, activando permanentemente la antinomia amigo/enemigo¨. En el país de Luis Alberto Heidi, no hay factores de poder, ni conflictos de intereses. Sólo demonios desatados por un presidente desaforado.

La solución no parece complicada. La presidenta debe ¨asumir que le toca encabezar una difícil transición, y que puede hacerlo con todos y para todos¨. El historiador dice estar seguro ¨que las fuerzas opositoras, y sobre todo la opinión independiente, están completamente dispuestas a acompañar a la Presidenta si ella eligiera el camino de la concordia y de la institucionalidad¨.

Gobernar con todos y para todos, en el camino de la concordia y de la institucionalidad. Olvidar viejos desencuentros y antinomias estériles, aceptar el fértil intercambio de opiniones, unir en lugar de dividir. Avanzar con acuerdos programáticos que permitan canalizar las diferentes fuerzas vivas en pos del bien común y no de la confrontación vana. Fijar de común acuerdo con todos una agenda ciudadana que responda a las inquietudes de todos y no sólo de un sector.

No sabemos si el dispositivo con el que Kirchner logró freir el cerebro de tantos intelectuales, periodistas e historiadores (y que según denunció Morales Solá habría sido fabricado por el INVAP con la plata de los jubilados) tiene efectos permanentes, pero tememos lo peor.

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