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Vidas paralelas

By 9 noviembre, 2010

¨Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa. Y la guerra contra el terrorismo fue una guerra justa. Sin embargo yo estoy aquí procesado porque ganamos esa guerra justa. (…) Porque ganamos la guerra de las armas y perdimos la guerra psicológica. Quizás por deformación profesional estábamos absortos en la lucha armada. (…) Ese ensimismamiento nos impidió ver con claridad los excepcionales recursos propagandísticos del enemigo y mientras combatíamos un eficacísimo sistema de persuasión comenzó a arrojar las sombras más siniestras sobre nuestra realidad hasta transformarla, al punto de convertir en agresores a los agredidos, en victimarios a las víctimas, en verdugos a los inocentes….”

Emilio Massera, asesino serial muerto.
Alegato final en el juicio a las juntas, octubre de 1985.

¨Por eso llama la atención que, pese a que el Ejército venció a los Montoneros en la guerra civil de los años setenta, su relato haya quedado en manos de los vencidos y no de los vencedores. (…) ¿Cómo fue posible esta paradoja de que los vencidos hayan impuesto su relato a los vencedores, en contradicción con lo que ha sido habitual en la historia? Por una transformación interna de los Montoneros gracias a la cual, después de haber perdido la guerra cruenta que habían desatado al comenzar los años setenta, pudieron ganar la guerra incruenta que acompañó al desenvolvimiento de la democracia, y esto hasta un punto tal que hoy los militares han pasado de ser de los victimarios que fueron en los años setenta a ser las víctimas de la violación de sus propios derechos humanos (…).¨

Mariano Grondona, golpista retirado aún en vida.
La Nación, 29 de agosto del 2010.

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