Notas MAK

Crónica de la Semana del domingo 30 de septiembre del 2018

By 30 septiembre, 2018 2 Comments

Termina otra semana trepidante en la que no tuvimos lluvia de inversiones pero tampoco Pobreza Cero, es decir, una de cal y otra de arena. Además, Mauricio Macri confesó su amor por Christine Lagarde, lo que prueba que Donald Trump no es el único dueño de sus noches y que el poliamor ha llegado a las altas esferas del Estado. Con la generosidad que lo caracteriza, el presidente nos alentó a compartir ese noble sentimiento y entregarle nuestro corazón a la titular del FMI. No es una mala idea, la venta de órganos tal vez nos permita pagar la boleta de gas e incluso la prepaga.

Hemos pasado así de los arrumacos de Marcelo Bonelli frente a Anoop Singh, director del FMI -al que trataba de “faraón” por haber nacido en la India con esa ignorancia mineral tan común entre nuestros periodistas serios- a una declaración de amor del presidente a la titular del Fondo. No podemos negar que al menos en lo que respecta al pensamiento colonizado nuestro país ha dado un salto cuántico.

Por su lado, el objeto de la pasión presidencial, Christine Lagarde, devolvió tanto amor recibido al explicar que “los dos primeros años del gobierno de Macri han sido asombrosos”. No podemos más que acordar con ella.

Tal vez inspirado por ese frenesí de Tío Tom, el presidente chileno Sebastián Piñera protagonizó otro momento de entrega y carne trémula, esta vez con el presidente Trump. Durante su visita a la Casa Blanca explicó en inglés que “Chile está en el corazón de EEUU” ya que su bandera puede estar incluida en la de EEUU. En agradecimiento, Trump dejó que lavara los platos después del almuerzo.

Además de declarar su pasión por Lagarde, Macri anunció en otra de sus notables conferencias que la pobreza y la indigencia aumentaron durante su gobierno y que los índices de pobreza entre los más jóvenes son devastadores. Luego de lamentar esos terribles resultados advirtió que seguiría aplicando las mismas políticas que los generaron. Es una decisión valiente que sólo podía tomar “un líder de otra galaxia”, como lo calificó Eduardo Fidanza, que “tiene algo de Nelson Mandela”, como explicó Luis Majul. Un verdadero estadista nunca deja que la realidad lo distraiga de sus certezas. 

Según el presidente, el problema no es que hoy vivamos peor sino que antes vivíamos “en una mentira”. El siniestro kirchnerismo, a través de un proceso de hipnosis generalizada (ver imagen), le hizo creer a millones de personas que llegaban a fin de mes, podían pagar las facturas de servicios, recibían medicamentos o computadoras gratis y hasta se iban de vacaciones o incluso se compraban celulares o un plasmas. Volver a la realidad es un proceso doloroso pero siempre necesario.

En la misma conferencia, la ministra Carolina Stanley (la María Eugenia Vidal sin apostantes imaginarios) explicó que el préstamo del Fondo les va a permitir “financiar la ayuda social”. Como todos sabemos, la AUH, las jubilaciones o incluso los bolsones de comida se pagan en dólares. Por otro lado, siempre es mejor que esa ayuda social sea financiada por nuestros hijos y nietos vía deuda antes que tener que sacársela a nuestros ciudadanos más ricos vía retenciones o impuestos. Eso los sabe cualquier economista serio.

Para no quedarse atrás en ese concurso de asombros, Nicolás Dujovne explicó que “no tengo miedo de que no se pueda controlar el dólar”. El superministro tiene razón, el aumento del dólar no tiene incidencia alguna en la economía real y, además, él ya tomó la precaución de tener su plata afuera.

Por su lado, el humorista Guido Sandleris, ex jefe de asesores de Dujovne y reemplazante del Toto de la Champions en el Banco Central, afirmó: “Va a haber menos pesos para ir al dólar y así veremos caer la tasa de inflación”. Accesoriamente habrá menos pesos para pagar el colectivo o comprar fideos, leche o remedios pero todo no se puede. Para no poner regulaciones a la compra de dólares, lo que perjudicaría a los más ricos; el mejor equipo limita los pesos, lo que perjudica a los más pobres. No salimos de nuestro asombro.

Todo lo que quieran pero ya no le tenemos miedo al censista.

Imagen: El Centro de Control Mental (CCM) de La Cámpora que le hacía creer a la gente que vivía mejor (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED)

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