Notas MAK

El Cartero de Vidal y el Comando venezolano-iraní

By 12 mayo, 2020


En febrero del 2015, un mes después de que el fiscal Nisman apareciera muerto en el baño de su departamento, Eduardo van der Kooy escribió: “En ámbitos de inteligencia, policiales y diplomáticos otra especulación parece tomar cuerpo. ¿Cuál sería? La de que un comando venezolano-iraní (con adiestramiento cubano) podría haberse cobrado la vida del fiscal. Aseguran que entrarían y saldrían del país con asiduidad y facilidades. Contarían con cierta logística doméstica.” 

Nacía el escalofriante Comando venezolano-iraní entrenado en Cuba cuya principal cualidad fue la invisibilidad. Un periodista serio como Van der Kooy, quien llevaba más de un cuarto de siglo escribiendo columnas de análisis político, no desconfió de una información extravagante que escuchó en “ámbitos de inteligencia, policiales y diplomáticos” ni se preguntó por qué el gobierno de CFK involucraría a tres países- Venezuela, Irán y Cuba- en una conspiración secreta destinada a asesinar a un fiscal en lugar de resolverla con “logística doméstica”. Tampoco le asombró que la operación requiriera de una capacitación cubana, un paso que complicaba aún más una organización ya de por sí compleja. ¿Los comandos hablarían en farsi con acento caribeño o en español con acento iraní?

Apenas un año después e inspirado por el comando plurinacional de su colega Van der Kooy, Nicolás Wiñazki alertó a sus lectores sobre una nueva calamidad kirchnerista. El cartero de María Eugenia Vidal le confesó algo impensado a la recién electa gobernadora de la provincia de Buenos Aires: “Tenés que saberlo. Durante meses hubo gente que me paraba acá cerca y me obligaba a mostrarles las cartas que llevaban tu nombre: te leyeron todo. Según Wiñazki, “Vidal nunca supo con certeza quiénes eran las personas que practicaron ese espionaje ilegal, que parece de otros tiempos, de otra era del mundo, la analógica. Pero intuye que en esta trama estuvieron involucrados los más poderosos funcionarios del Estado K, reconstruyó Clarín en base a fuentes oficiales.”

Como Van der Kooy, Wiñazki tampoco desconfió de un relato asombroso en el que “los más poderosos funcionarios del Estado K” fueron partícipes de un grave delito federal para conseguir acceder a los documentos que hoy nos llegan por correo, como las facturas de gas, los resúmenes del banco o la revista del cable. No queda claro si esos poderosos funcionarios se paseaban con una pava con agua hirviendo para abrir los sobres y los volvían a pegar con un tacho de engrudo, pero imaginamos que el pobre empleado del Correo Argentino tomaba la precaución de esperar que secaran antes de entregárselos a su legítima destinataria. Asombrosamente, ningún fiscal actuó de oficio frente a una denuncia tan grave.

El Cartero de Vidal es un personaje entrañable, digno de El sastre de Panamá de John Le Carré o de Nuestro hombre en La Habana de Graham Green, cuyo único defecto es el anacronismo. Su época es la Guerra Fría, no la segunda década del siglo XXI.

Ocurre que nadie exige que los relatos fantásticos que nuestros periodistas serios entregan cada semana sean verosímiles. Su objetivo es mucho más modesto: mantener un ruido de fondo permanente. No importa la letra fina sino el trazo grueso: el antiK emocional encuentra en ellos una razón a la indignación que ya padece a la vez que el ruido constante logra que el ciudadano no alineado con ninguno de los polos políticos desconfíe de los políticos denunciados aún sin recordar las razones.

Es por eso que la eficacia de estos relatos no radica en el talento de sus autores sino en la potencia de su repetición. La omnipresencia de un holding de medios- y hoy también de telecomunicaciones- como Clarín transforma lo inverosímil en sentido común y permite que sus accionistas actúen políticamente sin el desgaste electoral que sí padecen nuestros representantes.

La respuesta a ese enorme poder disciplinador sólo puede venir de la política. Y no hacer nada, como hasta ahora, es sin duda una forma de responder.

Imagen: El comando venezolano-iraní durante su entrenamiento en Cuba (cortesía Fundación LED para el desarrollo de la Fundación LED)

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