Notas

Vacuna y bolsillo

By 16 febrero, 2021

Columna publicada en Nuestras Voces

La «encuesta de líderes» de Poliarquía es en una radiografía del establishment conservador argentino: confían más en las fuerzas armadas que en el Congreso, subestimaron la inflación en los años de Macri y la sobreestimaron en el primer año de Alberto. Mientras tanto, resuena del otro lado la frase de Cristina Fernández de Kirchner: “Hay que alinear salarios y jubilaciones, precios y tarifas».

Hace unos días Poliarquía publicó la edición 2021 de su famosa “encuesta a líderes y formadores de opinión de la Argentina”. La consultora nunca aclara quienes son esos líderes pero intuimos que se trata de personas muy capacitadas y exitosas en lo suyo. Son pezzonovante, para retomar una expresión de Vito Corleone, gente poderosa.

Aunque pese a tanta capacidad y éxito, quien lea la encuesta buscando diagnósticos acertados en medio de tanta incertidumbre se desilusionará ya que sólo ofrece las letanías habituales. Para nuestros formadores de opinión el principal problema del país es la baja calidad institucional y, en segundo lugar, la clase dirigente. Por supuesto, cuando los líderes hacen referencia a la dirigencia sólo se refieren a la dirigencia política, en particular a los poderes ejecutivo y legislativo ya que el poder judicial suele ser más permeable a sus presiones. No sienten responsabilidad alguna por la cosa pública sobre la que sin embargo nunca dejan de operar. Tampoco perciben alguna responsabilidad en esa mediocre calidad institucional que lamentan, como si desconocieran el alto nivel de evasión que practican.

En medio de la peor crisis económica de nuestra historia y con la mitad de la población bajo la línea de pobreza, nuestros formadores de opinión proponen como objetivos prioritarios del Estado la reducción tanto del gasto público como de la presión impositiva. Hacer que nuestros ricos sean aún más ricos podría ayudar a que los pobres dejen de serlo. Como la curación por las gemas, es sólo cuestión de fe.

El informe de Poliarquía muestra las proyecciones de inflación para este año junto a las proyecciones de años anteriores. Es notable ver como en un tema tan importante para esos líderes, el error es la costumbre. En los dos últimos años del gobierno de Mauricio Macri, el error fue hacia abajo, es decir que subestimaron la inflación, mientras que en el primer año de gobierno de Alberto Fernández cambió la tendencia y el error fue hacia arriba: proyectaron una inflación mayor a la real. Pero nuestros líderes no son rencorosos, equivocarse año tras año en una variable económica fundamental no les hace dudar de la seriedad de los periodistas y analistas económicos que, año tras año, siguen eligiendo en la encuesta.

Por último, nuestros formadores de opinión dicen confiar más en las Fuerzas Armadas y en las Fuerzas de Seguridad que en el Congreso de la Nación o en el Gobierno Nacional. Un dato coherente con el apoyo que nuestro establishment dio a todos los golpes de Estado del último siglo.

En diciembre del año pasado, en el acto del Frente de Todos que congregó a los líderes del oficialismo, CFK declaró “hay que alinear salarios y jubilaciones, precios y tarifas (…) Aquí la actividad económica la mueve la demanda. Y a la demanda no hay otra manera de hacerla que a través de salarios y jubilaciones y con precios de alimentos accesibles, no estoy diciendo nada que no se puede hacer. Durante 12 años y medio lo hicimos y por eso, además de por la unidad, volvimos. Si uno no sabe cómo llegó es probable que tampoco sepa cómo ir”. En la víspera de un año electoral mencionó “las economías (del mundo) patas para arriba” y los “líderes de las primeras potencias que tenían la vaca atada y la reelección asegurada… ¡Chau!”.

Pese a los encomiables esfuerzos de Poliarquía y nuestro establishment para construir una agenda ciudadana imaginaria, pletórica de preocupaciones institucionales, proyecciones erradas y Fuerzas Armadas como garantía institucional, las verdaderas preocupaciones populares hoy son dos: vacuna y bolsillo. De la vacuna ya se ocupa el gobierno pese a la oposición terraplanista de Juntos por el Cambio y nuestros medios serios (dos colectivos que cada día cuesta más diferenciar). Proteger el bolsillo de las mayorías le está costando mucho más, de ahí las declaraciones de CFK.

Luego de padecer una doble pandemia, primero la de Cambiemos y luego la del Covid-19, los asalariados y los jubilados no pueden hacer frente a la escalada de precios, en particular la de los alimentos. Al respecto, Alberto Fernández advirtió: “Preferiría no hacerlo, pero si el campo no entiende voy a subir las retenciones o establecer cupos”. La Mesa de Enlace respondió que “de avanzar en este sentido errado, se desataría un nuevo conflicto con el campo.” Con tono desgarrado sus integrantes agregaron: “Pocas veces en la historia democrática se vio a un Presidente dirigirse tan injustamente a millares de argentinos por el solo hecho de llevar a cabo una actividad lícita y noble, como es la producción de alimentos.”

Hace unas semanas escribimos en esta misma columna: “Gobernar es elegir qué enojo se puede soportar, si el de las minorías con mucho poder para amplificar sus reclamos o el de las mayorías que carecen de ese poder pero que definen las elecciones con su voto.”

CFK parece haber elegido.