El Fade Out, también conocido como fundido, es un recurso de estudio muy utilizado en la música, que consiste en ir disminuyendo poco a poco el volumen de la canción. Normalmente se utiliza para finales de temas. Según algunos expertos, el fade out más elegante de la historia es el de Walk on the Wild Side, de Lou Reed.

 

En las elecciones legislativas de 1987, el oficialismo radical quedó en segundo lugar frente al peronismo que lo superó por cuatro puntos (41,29% a 37,24%). Aunque la UCR mantuvo la mayoría simple en la Cámara de Diputados, el efecto de la derrota fue devastador. La agenda legislativa de Raúl Alfonsín se desvaneció y su gobierno empezó a hacer agua. La enorme legitimidad conseguida a través de los juicios a las Juntas se había perdido con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (declaradas nulas por el Congreso durante la presidencia de Néstor Kirchner) y el mal manejo de la economía, luego del éxito inicial del Plan Austral, sumado a la presión cada vez mayor del establishment culminaría con la hiperinflación de 1989 provocando el adelantamiento de las elecciones presidenciales y el traspaso anticipado del gobierno a Carlos Menem.

Veinte años más tarde, en 2009, las elecciones de medio término volvieron a dejar al oficialismo en segundo lugar pero esta vez ya no gobernaba la UCR sino el Frente para la Victoria. El Acuerdo Cívico y Social, alianza conformada por la UCR, la Coalición Cívica y el Partido Socialista- el progresismo imaginario que luego conformaría Juntos por el Cambio con el PRO- obtuvo 29,53% de los votos contra el 28,70% del kirchnerismo. El PRO, por su lado, llegó al 19,03%.

Además de la mala performance general, lo desastroso para el oficialismo fue el resultado en la provincia de Buenos Aires. En su territorio por antonomasia, la lista encabezada por Néstor Kirchner- y acompañado por las candidaturas testimoniales del entonces gobernador Daniel Scioli y de Sergio Massa- perdió por un par de puntos frente a la lista de Alianza Unión PRO, una coalición conformada a las apuradas por Francisco De Narváez, Mauricio Macri y Felipe Solá.

La derrota fue el corolario de un año, el 2008, marcado por el conflicto entre las grandes empresas agropecuarias y el gobierno de CFK por las retenciones móviles. La traición del vicepresidente Cobos con su famoso “voto no positivo” agregó tensión política a un conflicto relanzado por los medios serios que a partir de ese momento se transformaron en los grandes armadores de la oposición al kirchnerismo. Los periodistas serios se preguntaban en prime time si CFK podría terminar su mandato y la oposición soñaba con un gobierno de “unión nacional”, es decir, con cualquiera menos con el kirchnerismo.

La Alianza Unión PRO dejó de existir casi la misma noche de su victoria, de la misma forma que la carrera política de De Narváez se desvaneció luego de vanagloriarse, con respeto y mesura, porque “la gente me agradece por haberle roto el culo a los pingüinos”. El voto no fue a favor de esa improbable alianza o de ese paparulo de billetera generosa sino en contra del oficialismo.

Al contrario de lo que ocurrió con Alfonsín, CFK y Néstor Kirchner decidieron retomar la iniciativa política. No buscaron acuerdos imposibles con una oposición casi tan furiosa como la de hoy sino que redoblaron la apuesta con su propia agenda. El fin de las AFJP, un proyecto propuesto por el entonces titular de la ANSES Amado Boudou, marcó el rumbo y permitió contar con los recursos para seguir integrando jubilados en el sistema y para implementar la AUH, una de las iniciativas más estratégicas de los doce años kirchneristas. Luego vino la Ley de servicios audiovisuales, un proyecto que todos los gobiernos habían intentado implementar sin éxito a partir del ’83 y otras ampliaciones de derechos como el matrimonio igualitario.

Los festejos por el Bicentenario marcaron un momento bisagra en el ánimo general. La muerte de Néstor y el velatorio masivo fue otro hito que contradijo el sentido común de los medios que daba cuenta de un hastío ciudadano generalizado hacia el kirchnerismo. En las elecciones presidenciales del 2011, CFK ganó en primera vuelta con el 54.11% de los votos, a más de 37 puntos del segundo candidato, el hoy olvidado Hermes Binner.

No sabemos cual será el resultado de las elecciones de medio término del domingo próximo pero podemos sospechar que serán malas para el oficialismo. Más que un voto a favor de la oposición se trata otra vez de un voto castigo hacia el oficialismo. Muchos de quienes votaron al Frente de Todos en 2019 consideran que no cumplió con su mandato y no creen que la pandemia sea una razón suficiente.

Frente a ese resultado adverso y a una oposición furiosa liderada por los medios que amenaza con una asamblea constituyente y un gobierno de transición, no hay muchas opciones para el oficialismo de Alberto Fernández y CFK. O la capitulación o la aplicación de la agenda votada en primera vuelta hace dos años y frenada por la pandemia, que prometía la mejora de los ingresos de las mayorías de forma rápida y contundente. Un shock distributivo, para retomar una expresión que suele repetir Amado Boudou.

O el Fade Out de Alfonsín o el acelerador de Néstor.

 

Imagen: Un oficial de La Cámpora recorre el Acelerador Néstor Carlos Kirchner (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED)

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  • Luisa dice:

    Primero, no creo que los resultados del domingo sean “malos” Creo que serán mejores que en Setiembre. Segundo, NUNCA una capitulación El ser peronista – menos Cristina y familia, allegados y comprometidos, no piensan-sienten para nada que sea una alternativa. Todo lo contrario La consigna es Lucha, perseverancia, confianza, unidad. Excelente resumen histórico Linda Radio Mak!!! Gracias Rinco!